cine/crítica

Mientras seamos jóvenes


Libertades ¿artificiales? Y frustraciones ¿reales? de lo (in) esperado

Mientras seamos jóvenes

Mientras seamos jóvenes

Si Henrik Ibsen ya cuestionaba la sociedad victoriana de su época al tratar temas como la moral y el modelo familiar instaurados, ahora Noah Baumbach utiliza al dramaturgo para introducirnos en su última película que, modernizada (o más bien “posmodernizada”)  parece seguir la temática crítica de sus obras.

Ben Stiller y Naomi Watts

Ben Stiller y Naomi Watts

Un fragmento de la obra teatral de Ibsen “El maestro constructor”, una cuestión (a los personajes y al espectador): ¿Abrir las puertas?, y el nacimiento de un bebé; el futuro, dan comienzo a la historia de Josh y Cornelia, una pareja de mediana edad que atraviesa lo que coloquialmente se conoce como crisis de los cuarenta. Josh (Ben Stiller) es un director de documentales frustrado por el éxito de su suegro y por las expectativas que creó en torno a él su primera obra. Cornelia (Naomi Watts) es productora, hija de un reconocido documentalista, frustrada también, no en este caso por las expectativas laborales no cumplidas, sino por las familiares: no ha tenido hijos.

Mientras los amigos y entorno de la pareja van adaptándose a las situaciones que la sociedad exige de ellos, en un proceso de maduración adulta, Josh y Cornelia sienten no encajar en ese sistema. Y este alejamiento va in crescendo cuando conocen a Jamie (Adam Driver) y Darby (Amanda Seyfried), un matrimonio veinteañero con la energía y felicidad que parece faltarles a ellos.

Amanda Seyfried

Amanda Seyfried

Baumbach vuelve así a interesarse por el desasosiego que provocan las crisis generacionales, fundamentadas en la falta de concordancia entre el individuo y sus pensamientos, y el arquetipo con que la sociedad pretende articular su existencia en el “paraíso” de la normalidad. Reflexiones como esta, se han convertido en una constante del cine de Baumbach, como ya nos mostró en su anterior película, Frances Ha (2012), con una naturalidad y gusto tragicómico desbordantes.  Y quizás sea precisamente esa naturalidad y aparente espontaneidad que mostraba Frances en las carnes de Greta Gerwig, el aliento que en algunos momentos anhela espirar Mientras seamos jóvenes, sin llegar a conseguirlo.  Con todo, la película se muestra verdaderamente divertida, como obra ágil y entretenida, en la que el dinamismo colorista propio del cine indie sobresale como artefacto potenciador de la idea de artificiosidad/realidad, que a modo de halo, rodea el film.

Se trata de una película sobre la energizante juventud y su ambición, los sueños frustrados, el miedo a la vida, el inexorable paso del tiempo, las brechas generacionales y, también, sobre la fractura de las identidades en la posmodernidad, y lo artificial del momento. El juego a la confusión está presente tanto al inicio como al final del film. El debate entre la ficción y la realidad lo encontramos personificado en Josh, documentalista que busca sacar a

Naomi Watts

Naomi Watts

la luz la realidad y, en última instancia, la verdad que esta conlleva. Sin embargo, se topa con un mundo artificial; Baumbach nos lo muestra “hipsterizado”.  Un mundo en el que los jóvenes son “guays” si llevan sombrero, coleccionan cintas VHS y discos de vinilo, pero si son personas que comienzan a alejarse de la cara aquello que quieren leer (el típico gesto de la presbicia) quienes comparten tales gustos, dejan de ser adjetivados de ese modo, para pasar a ser considerados anacrónicos.

Estas apreciaciones en torno a lo que es real, y lo que no, entroncan a la perfección con el actual debate acerca del cine digital y la artificiosidad que conlleva, así como nos acerca a los difusos límites que hoy en día separan el documental de la ficción, y la importancia de las nuevas tecnologías en este proceso.

Mientras seamos jóvenes es una película con numerosas capas de lectura de la radiografía social propuesta, pero en ningún caso sesuda. Aunque menos arriesgada en realización y más encorsetada conceptualmente que su film anterior, esta película es un canto a la libertad, con brillantes diálogos y dos reconocidos actores; Ben Stiller y Naomi Watts, cuya química se deja sentir en cada secuencia.

Patricia R. del Río

 

 

 

 

 

 

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