cine/crítica

El rincón de Javier C.: Calvary


“No desesperes: uno de los ladrones se salvó. No te confíes: uno de los ladrones se condenó”

               (Frase con la que se abre Calvary; y que fue, a su vez, fuente de inspiración para Samuel Beckett y su Esperando a Godot)

Calvary

Calvary

Calvary ha pasado, como resulta natural, muy desapercibida para la mayoría. Tal vez, hasta para la minoría. Se estrena en España tarde y mal, y la temática no levantará pasiones entre los que acuden al cine rutinariamente. Por otro lado, uno puede verla con cualquier predisposición, que nunca acertará a predecir ni el tono ni el desarrollo del film.

 

Brendan Gleeson es el padre James

Brendan Gleeson es el padre James

Para decirlo de entrada, y a modo de aviso: Calvary es una película desagradable en muchísimas ocasiones, sus personajes no despiertan –salvo el protagonista– ninguna simpatía, su discurso suena extrañamente actual y anacrónico a la vez, y posee una estructura tan sencilla como falta de tensión, salvo en su final. “Qué película más rara”, sería un comentario que yo encontraría razonable tanto para elogiarla como rechazarla. Ignoro si el estilo de la película viene determinado por el desarrollo intrínseco de lo que se quiere narrar, o si acaso el director y guionista John Michael McDonagh crea arte siempre así: si se tratara de lo segundo, me temo que los hallazgos deCalvary resultarían menos originales, y no tendría yo ganas de verle a este señor demasiadas películas si no me ofreciera algo nuevo. Con todo, y pese a lo poco clemente de su planteamiento, y pese a que no es una película para recomendársela a todo el mundo, animo a verla a quienes sientan por ella la mínima curiosidad.

Como no puedo hablar más de ella sin destripar su argumento, pasemos al terreno del spoiler y veamos en qué consisten sus riquezas.

SPOILERS MIL

Kelly Reilly es Fiona, la hija del Padre James

Kelly Reilly es Fiona, la hija del Padre James

En ese calvario que ya desde el título se anuncia, el padre James debe cargar (y no para redimirla) con los pecados de la Iglesia: tanto con la pederastia como con la avaricia. Más de una vez se lo reprochan los demás personajes; los cuales, si no antirreligiosos, sí están deliberadamente en contra del protagonista, y resultan una retahíla de seres repugnante que no pierden la mínima oportunidad para irritar al pobre cura de modo tan constante como inmotivado. La galería de pueblerinos hostiles no es muy granada, pero está escogida con bastante premeditación para resultar simbólica: un médico sarcástico, inhumano y abominable; un carnicero que pega a su mujer; una mujer blasfema e infiel; un millonario deprimido, irónico y alcohólico; un viejo escritor que dice detestar la vida y la vejez; un joven desesperado por practicar el sexo; y un compañero de iglesia tan simple como ajeno a lo que sucede en el pueblo. Durante su última semana todos desprecian al padre James de un modo u otro; incluso le queman la iglesia y le dan algunos golpes (si bien más o menos justificados estos) con un bate de beisbol. Sin embargo, el padre nunca abandona la amabilidad. Ni la entereza. No se defiende de los ataques. No responde a las provocaciones. Sólo cuando vuelve a beber alcohol, después de muchos años sin probarlo, pierde ligeramente los nervios. Pero es ése un fogonazo de rabia entre una luminosidad calma que no se apaga hasta que lo asesinan.

 

Domingo de redención

Domingo de redención

Porque el director plantea una sociedad –que así es como hay que tomar lo que ‘el pueblo’ significa– hostil a lo religioso, pero al mismo tiempo carente de cualquier valor positivo mediante el cual hacer frente a los viejos valores que el cristianismo propagaba. Los secundarios son grotescos y antipáticos, pero están más perdidos que el protagonista; que no está perdido en su fuero interno, sino que se encuentra solo y sin asideros.

Con mucha ironía (porque esta es una película que se asienta en una calculadísima distancia con los hechos) se nos van mostrando paralelismos entre el padre James y los preceptos esenciales de la doctrina cristiana. Y cuando digo “cristiana” quiero decir “derivada de las enseñanzas de Cristo”, no de Iglesia ninguna. ¿Por qué el padre aguanta tanto en ese sitio, por qué se deja matar así? En el fondo, el padre sí cree en la redención. Tal vez no de todos ellos, pero sí de unos pocos. La película acierta mucho cuando, en la escena final, la hija del cura (una mujer que ha intentado suicidarse varias veces, tan insegura que se enamora del primer hombre que se le cruza; apocada, hundida), acude llorando para encontrarse con el asesino de su padre. Este le había dicho que se le daba demasiada importancia al pecado; que se infravaloraba el perdón. Se supone que la hija va a perdonar al asesino, pero entonces, con una frialdad diabólica, la imagen se funde en negro y se termina la película: la última palabra la tiene el espectador.

 

Aidan Gillen es el repelente Dr. Frank

Aidan Gillen es el repelente Dr. Frank

Por lo demás, resulta interesante cómo el guión va superponiendo, como en un tapiz, líneas y líneas de matices que adensan el mensaje de lo narrado. Cuando James va a ver a un asesino caníbal (Domhnall Gleeson, su hijo en la vida real), porque este confía en él, le dice, de manera que se opone a todo dogma católico: “Dios no te entiende”. Y esa incomprensión divina hacia sus seres es tal vez la muestra más explícita de que él mismo, el protagonista, tampoco entiende la inhumanidad de quienes le rodean, pero no por ello va a dejar de redimirlos.

En esa misma dirección apunta el inútil consejo que le da el obispo de su diócesis. “Uno quiere ser amado; en su defecto, admirado; en su defecto, temido; y, en su defecto, odiado y aborrecido. Uno quiere causar en las personas algún sentimiento”. James le dice que eso lo ha sacado de un libro; y sí, es un poema del escritor sueco Hjalmar Söderberg. No sólo indica que la ayuda del obispo es una vía muerta (no piensa por sí mismo sino a través de pensamientos adquiridos), sino que el poema continúa, y concluye así: “el alumno se estremece ante un rostro indiferente, y busca ese contacto a cualquier precio”.

FIN DE LOS SPOILERS

 

Fotografía perfecta en toda la película

Fotografía perfecta en toda la película

No sé si el director de Calvary “se estremece ante un rostro indiferente”, pero sin duda ha fabricado una película muy dura, desoladora, que se arriesga a generar en el espectador un rechazo radical a la galería de escenas que se van sucediendo (lo cual no quita, por cierto, que subyazca en ellas un humor sórdido y corrosivo que la actitud defensiva natural traducirá en un incrédulo “¡Ja!” en varias ocasiones). Pero sí que es un artefacto muy elaborado y muy inteligente, y que plantea cómo y quién podrá redimirnos a nosotros, seres de la sociedad posmoderna y post-religiosa. Brendan Gleeson está inconmensurable –cosa que ya no sorprende– y la pulcra puesta en escena se alimenta también de la grandeza natural, casi divina, de los hermosos y desoladores paisajes irlandeses.

Recomendada para los cinéfagos sin miedo al vacío.

  Nota: 7´8

 

 

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