cine/crítica

El rincón de Javier C.: El francotirador


EL HOMBRE QUE FRANCOTIRABA MUCHO

El francotirador

El francotirador

 “La verdad de la patria la cantan los himnos: todos son canciones de guerra” (Rafael Sánchez Ferlosio)

Resulta interesante observar cómo la primera obra literaria de Occidente –me refiero, por supuesto, a La Ilíada– hablaba de la guerra sin juzgarla en absoluto; sólo Tersites, sin mucha fortuna, desacreditaba los motivos del litigio troyano. Claro que por entonces, o al menos en lo tocante al arte homérico, la lucha formaba parte de la rica relación entre los héroes, los dioses y el destino; y así se desplegaba a lo largo de sus cantos una inigualada tragedia que tocaba las cuerdas más hondas y sonoras del arpa de la vida humana.

 

La Ilíada

La Ilíada

Desde entonces mucho se ha hablado de la guerra en la ficción: ora para elogiar una victoria; ora para elogiar a un héroe; ora para lamentar las consecuencias de una funesta derrota. Parece, pues, por un lado inevitable que toda disputa bélica divida a las gentes en vencedores y vencidos; o, si se exagera la escisión, en buenos y malos. También en un orden semejante, pero en un plano al mismo tiempo superior, se puede juzgar si la guerra, al margen de lo que con ella se gane o se pierda, es buena o es mala.

Piense el lector, como ejemplo ilustre, en la Segunda Guerra Mundial: ¡qué mala fue esa guerra, qué de muertos dejó, qué desolación! Así nos lo ha mostrado el cine en un sinfín de películas. Pero, al mismo tiempo, podemos decir sin temor que “ganaron los buenos”. En cambio la Guerra Civil, guerra malísima, la ganaron sin duda los malos.

El efecto de tales diferencias se manifiesta en el cine mediante la idea estética de que el fin justifica los medios: el asesinato de nazis sin compasión no escandaliza a nadie, y los vencedores de la Segunda Guerra Mundial puede enorgullecerse cinematográficamente todo cuanto deseen. Por el contrario, una película que mostrara cómo los nacionales arrasan con los rojos, y cómo gozan cuando obtienen la victoria, sería tildada de fascista al instante. Con tanta claridad suscita la guerra la división entre buenos y malos, incluso en el caso de que se tenga a la guerra por “mala” en su misma definición, y al margen de quiénes hayan sido los vencedores.

 

Clint Eastwood con Bradley Cooper en el rodaje de American Sniper

Clint Eastwood con Bradley Cooper en el rodaje de American Sniper

Pues bien: llega a nuestros cines American sniper, la última película dirigida por Clint Eastwood, así como la más exitosa en EEUU de toda su filmografía. Y –dicen– también la más republicana y conservadora. ¿Es tan buena la película? ¿Es reaccionaria? ¿Es tan ideológica? ¿Cómo se conjuga ese éxito con un mensaje rancio y burdamente patriota? ¿O se debe sin más a que las masas americanas son reaccionarias y algo idiotas?

Para quien esto escribe la película no defiende una visión reaccionaria de la guerra de Irak, ni exalta las bondades del francotirador competente; pero sí se ahoga en un discurso débil, contradictorio en ocasiones, y bastante confuso en general.

Se divide el metraje en tres partes más o menos bien delimitadas. Durante la primera se nos muestra algo de la infancia de Kyle, cómo se alistó en los SEAL´s, cómo conoció a su mujer, y con qué ánimo partió para la guerra de Irak. La segunda, el meollo del film, narra sus desventuras en tierra hostil: cómo batalla, cómo lidia con la muerte de sus compañeros, y cómo padece una honda desazón en cuanto se le permite regresar a USA para descansar durante algunos días. La tercera, una suerte de extraño epílogo, nos cuenta el regreso definitivo de Kyle a los Estados Unidos, así como su esfuerzo por integrarse en la vida civil (sin ir disparando a la peña desde las azoteas y demás).

 

En el punto de mira...

En el punto de mira…

En mi opinión, los principales problemas de una película tan bien estructurada –lo cual incluye además algunos flashbacks perfectamente ubicados– consisten en lo desafortunado de la guerra que escogen para su historia, así como en la simpleza manifiesta del personaje protagonista; con el cual, a pesar de su muy construida humanidad, nunca podemos identificarnos.

La elección de la guerra de Irak resulta un estorbo para las supuestas (y declaradas) intenciones tanto del director como del guionista: mostrar los efectos de “la guerra” en la psique de sus combatientes. Porque partir de un conflicto inventado por USA contra la aprobación de las Naciones Unidas, que supuso además un gesto ideológico de connotaciones casi fundamentalistas religiosas (el presidente Bush afirmaba que Dios estaba de parte de los americanos), y cuyas consecuencias para el supuesto país liberado han sido terroríficas, influye sobremanera en todo cuanto de la guerra se nos muestre: Kyle no lucha en una guerra trágica o fatal, sino en un campo de batalla que es consecuencia directa de la política exterior de su propio país. Al espectador no se le quita de la cabeza que la muerte de los soldados americanos quizá haya que imputársela sin más al propio gobierno norteamericano y a sus absurdas decisiones: de este modo, la épica de Kyle acontece en un escenario absolutamente impropio.

 

Apunten... ¡fuego!

Apunten… ¡fuego!

Y tampoco ayuda el personaje de Kyle: porque le vemos desoír, más de media docena de veces, las voces amigas que le destejen sus justificaciones éticas o políticas. Su mujer le insiste en que no va allí a proteger a nadie, sino a dejarla a ella sola en USA. Sus compañeros tampoco parecen estar muy convencidos de lo que están haciendo en Irak. Su propio hermano, también soldado, regresa a USA maldiciendo la guerra y el país. Kyle nunca sabe qué replicar; se limita a poner cara de pasmo y a negarse a sí mismo, al parecer, todo cuanto no entra en sus convicciones. Lo mismo ocurre en el terreno moral: al principio le cuesta apretar el gatillo para matar a una mujer y a un niño musulmanes que esconden aviesas intenciones, pero luego interioriza la utilidad práctica de su trabajo, y deja de juzgarse a sí mismo como un posible asesino. A esto se me podría replicar que estoy en el fondo desacreditando al Kyle real, y que tanto más le honra la película cuanta más fidelidad le guarda. Y nada objeto yo a esa fidelidad, pero sí creo que un personaje tan introvertido y a la vez tan sumiso, y con tan pocas honduras, no ayuda a expresar el mensaje que sí parece perfilarse en los demás elementos del film. Ello, a pesar de la soberbia interpretación de Bradley Cooper, que le otorga a Kyle muchísimos más matices de los que le atribuía el guión.

 

Bradley Cooper y Sienna Miller

Bradley Cooper y Sienna Miller

Para completar el batiburrillo, a un personaje pobre en una guerra impropia se le añade un tratamiento de las batallas elegantemente distanciado e intenso… que sin embargo deshumaniza a los iraquíes para mostrarlos, como quien no quiere la cosa, como meros villanos a los que abatir (mientras tanto los SEALs, cuya misión no está nunca muy clara, se comportan siempre de manera intachable).

Uno comprende, en consecuencia, que las gentes europeas hayan considerado que el mensaje es “fascista”; pero yo creo más bien que se trata de una mala realización: ni los guionistas ni Eastwood se han percatado de que un personaje como Kyle, en una guerra como la de Irak, pedía una lectura más profunda a gritos. No puede quedarse la cosa en el desarraigo del buen soldado, que además es buen padre y hasta buena persona.

Las imágenes con que concluye la película, sacadas del funeral real de Kyle, no parecen conectar con nada de lo visto durante los ciento veinte minutos precedentes, y suponen una suerte de final abrupto y desencajado.

Por todo ello, se me antojan excesivas tantas nominaciones. Sólo el montaje (brillante) resalta de entre todas las virtudes de la película. También la dirección: aunque en este apartado no haya sido nominada. Esa sea tal vez la buena noticia de El francotirador. Porque resulta prodigioso el vigor, el talento, con que Clint Eastwood, que ya sobrepasa los 84 años, se atreve a dirigir un film así. No le tiembla el pulso. No rueda la acción siguiendo los parámetros de Hollywwod, no se le nota en ninguna escena ni hastío ni rutina en la dirección. Sigue con ganas de contarnos cosas y sigue haciéndolo con audacia y frescura. A pesar de su flojo discurso, nunca nos aburrimos. Aunque no nos identifiquemos con los personajes, sí nos sumergimos en lo que se nos cuenta.

No parece esta, por lo tanto, una película menor porque anuncie la decadencia de uno de los grandes. Es menor porque no alcanza lo que se propone. Porque no encuentra el modo de resultar coherente.

Pero el tino de Clint Eastwood, su pericia para hacer buen cine, siguen intactos.

Esperemos que le quede aún por delante alguna verdadera obra maestra.

Nota: 6

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