cine/crítica

El rincón de Javier C.: ´71


71

71

 

Si servidor fuera Carlos Boyero, les hablaría durante siete párrafos acerca de los conflictos entre los británicos y el IRA; luego les citaría las diez películas que más me han gustado sobre el asunto, les ponderaría la capacidad innata de algún actor para desempeñar el papel de un terrorista, añadiría alguna anécdota de mi vida y en las dos últimas líneas escribiría: “La película 71 está bastante bien, tiene solvencia”.

Por desgracia, no soy Carlos Boyero (ya querría yo llevar esa vida diletante), de modo que me hundiré en el barro para narrarles qué impresión me ha dejado esta más que solvente película –en eso, Carlos y yo coincidimos– inglesa sobre la noche fatídica de un soldado británico tan perdido entre irlandeses chungos como un dibujante de Charlie Hebdo en una cueva de Afganistán.

 

Guerra en las calles

Guerra en las calles

Siempre que se aborda un asunto polémico (y por ‘polémico’ quiero decir ‘que puede soliviantar a los retratados’), hace falta una distancia, o un desentenderse de la razón, que permita al director construir una realidad en la cual los juicios provengan sólo de los espectadores, de manera que la película funcione más como un espejo que como una fuente de información pretendidamente objetiva. Por lo tanto, ante algo aún inconcluso como es la independencia de Irlanda y todos los conflictos de ella derivados, uno se sienta en la butaca deseando que le muestren la realidad descarnada pero sin favoritismos; y al mismo tiempo se pregunta mediante qué artificios cinematográficos va a lograrse semejante cosa.

Pues bien, el director novel Yann Demange, parisino, opta por no afrontar el conflicto político sino muy de soslayo, para centrarse así en la mera trama de acción que constituye toda la película. Lo cual, a mi juicio, constituye un gran acierto. Pero al mismo tiempo le sustrae bastante ambición a la película, cuando el tema podía haberle demandado mucho más.

 

Jack O'Connell es el protagonista

Jack O’Connell es el protagonista

A bote pronto, me resultó inevitable compararla con Munich, de Steven Spielberg; y con Hunger, de Steve McQueen. A la primera no se asemeja ni temática ni formalmente: pero donde Spielberg sabe mezclar cine de acción puro y duro con la trama más política, sin resultar por ello doctrinal, Demange naufraga, y a veces hasta titubea. A la segunda, en cambio, se le asemeja en el asunto y en la crudeza, pero la cinta de McQueen es una absoluta obra maestra que juega con el tempo y con la visión del espectador de una manera magistral, mientras que 71 se ve demasiado lastrada por un desarrollo muy lineal.

De modo que, una vez marcadas las limitaciones artísticas, nos encontramos con una película muy bien hecha, con una dirección sobria y directa que sabe contar todo lo que quiere contar, con un puñado de grandes momentos y con unos personajes quizá algo insuficientes de interioridad, pero esbozados con entereza. El espectador sigue interesado, y hasta en tensión, el desarrollo de los acontecimientos; y no se puede decir que haya un momento en que la tensión decaiga.

 

Paul Anderson en 71

Sean Harris en 71

Podemos achacarle un exceso de crudeza en la explicitud de la sangre. Valga como ejemplo lo siguiente: a un herido van a coserle la piel con anestesia ni contemplaciones, porque se le salen las tripas. El doctor, con la aguja en la mano, dice “te va a doler la de Dios”; su ayudante le recomienda al herido “no mires, no mires, te dolerá más”. Pues bien: el director decide que nosotros sí veamos en primerísimo primer plano cómo la aguja entra en la carne para cerrar la herida. ¿A cuento de qué era necesario ese plano, si ya el herido está berreando víctima de un dolor insoportable? Este excesivo regodearse en lo desagradable sucede en varias ocasiones. No afecta al resto del metraje, peor lo enturbia. Y, aunque bien sabemos que ello se debe a una voluntad decidida de mostrar el dolor de la lucha sin tapujos, ello no excluye que sea gratuito.

La fotografía cumple bien pero no resalta. Los actores se adecúan a sus papeles con convicción (tal vez el protagonista tenga el peor papel, porque siempre depende de los otros para evolucionar o no ser asesinado), no hay ni un solo tiempo muerto, y el retrato de esas barriadas hostiles de irlandeses descontentos está bastante conseguido en alguno planos (en otros, sencillamente hay calles vacías).

En resumen: no es una película memorable. No aporta nada que no se haya tratado mejor antes, no hay escenas grandiosas, no hay personajes únicos, y nada resplandece demasiado. Pero se trata de una interesante ópera prima, que sabe dejar lo accesorio para contar con tino, talento y efectividad una buena historia de acción política.

Les pido disculpas: al final me he descuidado, y me ha salido una crítica al estilo de Carlos Boyero.

          Nota: 6. 

 

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