crítica

El rincón de Javier C.: Inside Llewyn Davis


LA EPOPEYA DEL PARIA

Inside Llewyn Davis

Inside Llewyn Davis

Los Coen mismos han reconocido muchas veces lo peculiar de su situación en la industria del cine: mantienen una completa independencia como autores, pero también son dos hijos de Hollywood en el sentido más habitual del término. Alternan como nadie los taquillazos dignos de Oscar con las películas de mediano presupuesto e intereses más artísticos que comerciales. Por eso cualquiera sabría, viendo el tráiler, en qué tipo se encuadra Inside Llewyn Davis.

Llewyn Davis y su gato

Llewyn Davis y su gato

Yo ya iba preparado, y no me pilló de sorpresa. Esperaba una versión folk de la maravillosa y desconcertante –para bien–Un tipo serio. Más o menos el espíritu está ahí, pero no sabría decir si por el estilo de sus autores, o porque hay verdaderos paralelismos. Ambas películas tratan de un hombre que experimenta el absurdo de la vida; en ambas hay situaciones que parecen salidas de una obra de Samuel Beckett; ambas carecen de giros de guión radicales o de una trama gruesamente marcada; en ambas el sentido total se somete a la acumulación de escenas, no por la cronología de éstas. Sin embargo, en otras muchas cosas son muy diferentes; incluso opuestas.

A lo que más se parece Inside Llewyn Davis es a Inside Llewyn Davis.

Nos cuentan los Coen la vida, durante una semana, de un magnífico cantautor que malvive como puede durante el invierno neoyorquino. Duerme en sofás ajenos, sus relaciones con las mujeres son un desastre, no tiene con su música el éxito que desea, y no se le aprecia pasión por nada en absoluto. Los Coen se ponen melancólicos, y sobre toda la película se cierne más la tragedia que la comedia. Toques cómicos hay, naturalmente; y, con bastante acierto, nos distancian como pueden del personaje principal, que no cae demasiado bien el pobre, pero tampoco mal. Uno no puede tomarse sus desgracias a cachondeo (eso sí resultaba posible en Un tipo serio), pero tampoco va a ponerse a llorar cuando le llegue algún revés; esa ironía de la desdicha es típica de los Coen. Si hasta ahora su cine se caracterizaba por las figuras antiheroicas, podría decirse que aquí Llewyn Davis no llega ni a eso. Es un pobre pringado, un paria. Que encima rebosa talento. Pero que no sabe estar ni en el sitio ni en el momento adecuados, y para el cual no hay Ítaca posible, porque nunca ha salido de ella, aunque lleve años buscando el camino que lo lleve a casa.

Llewyn Davis y Justin

Llewyn Davis y Justin

Se atreven los Coen a presentarnos un elenco de secundarios pintorescos o hasta desagradables, que sin embargo funcionan perfectamente (memorable la breve aparición de John Goodman, así como la de Murray Abraham); y tienen la osadía de meter en la película, como si de un concierto se tratara, no menos de seis canciones tocada íntegras. El papel de la música va más allá de sostener la trama, de hecho. Tanto las letras, como las canciones en sí, poseen su función simbólica y narrativa. Expresan más del protagonista de lo que podría decirse de él viendo tan solo lo que hace mientras no toca la guitarra.

Al final nos queda el crudo invierno de Nueva York; tan bien pintado que en algunas escenas podemos sentir el frío. La sensación de que algunos llevan (o llevamos, o lleváis) el fracaso tan cosido a la piel que no habrá forma de desprendérselo. La belleza de una música que quizá no de dinero, pero que consuela en según qué momentos. Y los ecos de cambio que estaban ya ahí, pero no supimos verlos, y por eso nuestra hora ya pasó, si es que acaso fuimos alguna vez puntuales.

No sé cómo encajarla en su filmografía. Desde luego es un nuevo registro dentro de su muy definida manera de hacer cine. De momento no la sitúo en la cima de su producción, pero es ésta una película que pide reposo a la hora de enjuiciarla.

Oscar Isaac está soberbio, y es un músico admirable. Dijeron los Coen que no conseguían encontrar a un actor que fuera músico, porque si buscaban lo contrario, ningún músico les sabía actuar en el casting. Carey Mulligan se ha vuelto la chica de moda y, si bien su papel tampoco le permite grandes alardes, es un placer verla.

Recomiendo, desde luego, la escucha de la banda sonora. Es muy buena.

Así que, en conclusión: los Coen nos dan otra gran película, y nosotros constatamos que su obra está muy viva. Esperamos con ganas todo lo que sigan ofreciendo. Rara vez sale uno decepcionado con ellos de la sala; y, en ocasiones, hasta entusiasmado.

Nota: 7´5.

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