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Un lugar donde quedarse… esconderse, viajar, descubrirse.


Sean Penn es Cheyenne

Un rockero aburrido, desquiciado, pasado de moda. Una persona anodina, sosa, sin vida y sin gracia que vive junto a su mujer en una mansión en Dublín. Este es Cheyenne, una persona que pasa los días sin nada que hacer, atormentado por sucesos del pasado durante más de 20 años, desde que su banda musical se disolvió. Una banda con la que el mismísimo Mick Jagger colaboró en una ocasión.

De repente Cheyenne recibe la noticia de que su padre está enfermo y  se ve en la obligación de viajar a Estados Unidos  para visitarlo, tras treinta años sin verlo. Cuando llega su padre ha muerto y descubre que su obsesión mayor fue buscar a un nazi que lo había humillado hacía ya decenas de años. Cheyenne, en memoria de su padre emprende un viaje por Estados Unidos en busca de venganza.

Esto es, básicamente, “Un Lugar Donde quedarse ” la nueva cinta del director italiano Paolo Sorrentino, el cual recurre a Sean Penn para dar vida al personaje principal. Un ser estrambótico, gótico, raro. Un personaje que recuerda en su imagen a Robert Smith, el cantante de The Cure. Habrá gente que piense, con el cartel, que es una biografía de dicho personaje, pero no nos engañemos, no lo es.

Sean Penn, sin hacer su mejor papel, nos propone un personaje con miedos, con inseguridades y con dudas. Su vida es aburrida y no es capaz de disfrutar de nada. Su madre (Olwen Fouere) está angustiada por haber perdido a uno de sus hijos, su hermana (Eve Hewson) está preocupada por su madre y su mujer (Frances McDormand) preocupada por él, ya que observa que no disfruta de la vida, que pasa las horas deprimido y cansado de todo.

La cinta nos propone un viaje para el descubrimiento personal de un Cheyenne desfigurado. El problema es que ese viaje se hace largo, cansado y en ocasiones absurdo. El metraje se alarga innecesariamente con escenas que sobran y eso le quita fuerza a la película, que aun así, entretiene.

La banda sonora es magnífica y la fotografía perfecta. Encuadres bellísimos, paisajes preciosistas y entre el montaje cabe destacar un plano secuencia con David Byrne cantando en un concierto.

Cinta recomendable, pero no destacable. Un resultado correcto para un director que deberemos tener en cuenta y que ya había sorprendido con Il divo al panorama internacional en 2008. La película cuenta con 14 nominaciones a los premios Donatello (los Goya italianos) y seguramente se lleve unos cuantos.

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