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El rincón de Javier C.: Oscars 2012


Quitando que los Oscars, como todo premio mediático, tienen más de campaña publicitaria que de verdadero reconocimiento acerca del arte (¿cómo va ninguna agrupación a decidir qué película es mejor, y por qué?), y que muy bien pueden importarnos un pimiento, dos reflexiones dejo aquí a propósito de esta edición.
            La primera: que nunca deja a uno de maravillarle ese afán por votar grupalmente. Que rara será la vez en que una película logre, a lo sumo, dos premios. No pueden caer los Oscars como alpiste arrojado sobre los galardonados, no: el de mejor película, actor, dirección y guión suelen aparecer los unos muy relacionados con los otros. En este caso, la ganadora ha sido –como de sobra se sabe– la muda The Artist. No ha ganado en la categoría de mejor guión, pero sí en las otras tres. ¿Molestaría que cada premio fuese a parar a una película distinta? ¿Acaso mola más ese cartel grande y orgulloso que proclame, por ejemplo, “ganadora de 7 oscars”?

La segunda reflexión: aun a riesgo de resultar impopular, me temo que la pasada noche nos mostró una victoria del capital y de lo rancio sobre lo libre y lo nuevo. No me disgustó en absoluto la película de Hazanavicius (¿a quién podría disgustarle? Es absolutamente encantadora); es más, la he recomendado en muchas ocasiones. Pero uno no deja de sentir por dentro que su originalidad consiste en la anacronía de hacer ahora cine mudo, no en la originalidad de su historia (pues de eso va justita). Que su triunfo, por muy merecido que sea en tantos aspectos, depende también mucho de lo invertido por Harvey Weinstein para promocionarla en Estados Unidos. Que hemos visto varias decenas de películas mudas infinitamente mejores que The Artist. Que, siendo como es una excelente película, posee también sus defectos.

Así a bote pronto, sentí que no hubiera tramas secundarias, de ningún tipo: la historia entera se centra en los dos protagonistas, de tal modo que los personajes secundarios son marionetas de cartón piedra. Bien, pasemos esto por alto. Me duele también que no me llegara a emocionar de verdad en ningún momento. Asisto fascinado, y sin una pizca de aburrimiento a lo que se me cuenta, pero todo el rato disfruto de ver cine mudo: no estoy dentro de la película: estoy admirándola. Soy consciente de su arte, no me olvido de él, y me estremezco. Y, sobre todo lo demás, me pregunto –una pregunta quizá malvada, pero no por ello menos pertinente– qué será de esta película cuando, dentro de 30 años, alguien me pregunte por ella; cuando la novedad de hacer cine mudo no sea una novedad, sino una extravagancia de “hace treinta años”. Las futuras generaciones, para quienes todo lo pretérito formará ya una masa informe de películas lejanas, ¿por qué deberán admirar el cine mudo de The Artist por encima de otras películas mudas dirigidas por gente como LangGriffithChaplinDreyer Lubitsch?

Lo que equivale a preguntar: ¿Cuánto ha influido la extrañeza a la hora de valorar en su justa medida una película así? ¿Es tan inmortal la historia que cuenta? ¿Supone un paso adelante en el cine? ¿Se trata de una obra perfecta en su género? En mi caso, la respuesta a las tres preguntas es no. Hay en su género cimas más altas; bebe, además, de demasiadas fuentes (y muy evidentes); y, salvo por el valor meramente económico de hacer cine mudo hoy –rentable, sin embargo, por lo bien que han sabido venderla primeramente en los festivales de prestigio–, la película no tiene mucho que ofrecer. Es una buena película, y nadie con un mínimo de sensibilidad cinematográfica podría despreciarla, pero, a mi parecer, tanto Oscar le queda grande.

La lástima de esta edición es que ha ido a lo fácil. Shame y Drive se han quedado sin entrar; El árbol de la vida parecía ya incluso fuera de lugar entre las nominadas. Por ahí estaban War HorseCriadas y SeñorasTan fuertetan cercaMoneyballLos descendientes, y The Artist. Películas con un mensaje de buen rollo hollywoodiense que no cuentan nada que ya no sepamos: que el amor es bueno, que hay esperanza, que los negros también pueden ser humanos si los blancos se preocupan por ellos, que uno puede triunfar si se lo propone, que la familia es siempre lo primero y está mal vender tierras en Hawai. Mensajes que tranquilizan en tiempos de crisis. Olor a naftalina y a éxito fácil. Que la gente siga yendo al cine a vaciarse la cabeza y los bolsillos. Que no se enfrente a dudas insolubles ni se emocione sin saber por qué. Hasta las emociones, en Hollywood, están dirigidas a un fin, y combinan entre sí como las corbatas de un oficinista.

Al menos The Artist, por muy sobrevalorada que me pueda parecer, es sin duda una estupenda película. Y quizá al menos algún incauto se quede fascinado, gracias a ella, por el cine mudo, y empiece a descubrir, extasiado, clásicos de las primeras décadas del siglo XX.

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3 pensamientos en “El rincón de Javier C.: Oscars 2012

  1. Muchas gracias Laura!

    Pero de periodista nada, ¿eh? A ver si va a ser que dejo la carrera de periodismo por puro hastío, y luego resulta que tengo oficio en las venas…

    Di mejor algo como: “Aunque es español y estudia filología hispánica (ya podría haber buscado otra lengua), se nota que analiza los Oscars casi mejor que un periodista”.

    Un saludo!

  2. Y a todo esto, ¿a ti que te han parecido los Oscars de este año?

    (Porque con el dueño del blog aquí presente he hablado en persona, pero así animamos algo esto por estos lares…).

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