Sin categoría

El rincón de Javier C.: Shame


Hoy estrenamos una sección, que más que sección es presentar a un colaborador. El señor Javier C. entra de lleno en Desde el 15 y nos da su visión, para estrenarse, de una de las mejores películas estrenadas en nuestro país en lo que va de año, Shame. Con este post deja claro que viene para quedarse en este blog y que nos dedicará muchas más críticas y reflexiones personales sobre el mundo del séptimo arte y las series de televisión. Sin más dilación, aquí os dejo con su crítica, disfrutadla porque escribe que da gusto leerlo:

  Descorazona ver que el cine, que nació como entretenimiento y mecánica, y de pronto cobró vida y se volvió un verdadero arte (de ese tipo de arte que le enfrenta a uno con su pensamiento, con su sentimiento, y con su soledad), nunca deja de ser ese masivo objeto de consumo que la cultura de masas engulle para aniquilar cualquier resquicio de verdadera libertad. Descorazona ver las risas huecas de las salas llenas. Descorazonan los llantos de los folletines sin alma. Descorazonan los guiones que tiran de oficio y pierden por el camino la verdadera pasión.

Por eso uno agradece que alguien como Steve McQueen haya tenido la honestidad y el talento para hacer una película madura, que busca mostrar la verdad (sea ésta como sea) sin ningún miedo y sin ninguna concesión; y que, encima, lo haga desde una perspectiva densa, meditada, seria, que rehúye todo lo evidente, y que le importa un bledo todo lo que pueda considerarse indecoroso o fuera de lugar: la cuestión es contar algo, contarlo bien, emplear el arte que aún le queda al cine.

Shame es brillante. Ignoro cómo pasará el tiempo sobre ella: muchas veces nos llevamos una alegría inesperada al ver cómo envejecen unas películas; otras, nos decepcionan. Así, a bote pronto, diría que ésta va a envejecer muy bien. La película trata mucho sobre el sexo, pero su núcleo real no es el sexo, sino la satisfacción que puede perseguir un yo en su afán vacío por lidiar con el éxito (éxito medido, no según una libre voluntad, sino según una escala ajena, o social, que se interioriza como propia).

La película también trata mucho de la soledad, pero esa soledad parece más un síntoma que una enfermedad encerrada en su diagnóstico. La película trata de muchas cosas; pero, por encima de todo, está muy bien hecha. A diferencia de otros filmes de temática destructiva y sexual, como la excelente  La pianista, en el que el personaje que interpretaba Isabelle Huppert no podía controlarse a sí misma (porque, a pesar de todo, no quería  o no podía conocerse demasiado), en Shame el protagonista nunca pierde los nervios: es totalmente consciente de que algo horripilante le está sucediendo, pero consigue domar la angustia, o canalizarla a través del sexo más vacío y repugnante que se ha visto en el cine mucho tiempo.

Por eso nunca, en ningún momento, nada de lo que se nos cuenta parece banal. Por eso cada pequeña mirada importa. Por eso el trabajo de Michael Fassbender es tan supremo. Está obligado a pensarlo y a sentirlo todo, pero nunca habla de sí mismo. Jamás transgrede la línea que separa la obsesión enfermiza del decoro. En los momentos en los cuales habla implicándose emocionalmente es siempre cruel, torpe, o dominante; o las tres cosas a la vez; pero nunca es sincero consigo mismo, nunca habla desde dentro de sí. Se debe a que la parte social domina en su ser a la espiritual. En sociedad, por supuesto, triunfa. Por dentro está podrido.

A ratos a uno le provoca repugnancia; a ratos, compasión. Hay algo de él en cada uno de nosotros. Algo que nos hunde desde dentro; algo que nos dice que sólo la satisfacción (sexual, social, emocional, lo que sea) nos salvará de nosotros mismos. Por eso nos asusta o nos fascina: según cómo lo enfoquemos, con qué parte de nuestra psique, iremos en una dirección o en otra.

Mención aparte merece el personaje de Carey Mulligan. No se diferencia tanto de su hermano como podría parecer. Ambos –esto se expresa de modo explícito– están descosidos. Ignoramos qué les ocurrió durante la adolescencia, o durante la infancia. Tampoco es importante saberlo. Pero ella ejerce de exacto contrapunto a la obsesión sólo sexual.

Lo mejor de Shame se resume en que uno no puede resumirla en pocas líneas; en realidad, hasta cuesta resumirla en muchas. Tiene tantas virtudes (dirección brillante, con planos secuencia osados que funcionan a las mil maravillas; juegos de fotografía con el color; un guión que elude lo previsible y funciona; actores en estado de gracia…) que uno no sabe por dónde empezar.

Quizá por ésta: se mete en la cabeza del espectador. Da para un sinfín de reflexiones. Podría hablarse de ella durante horas y siempre aparecería un matiz más.

No se me ocurre un elogio mejor.

Por segunda vez en este año (la primera fue con El árbol de la vida, pero sé que esta película es necesariamente impopular) siento que he visto un cine que es verdadero arte. Que puede ser mejor o peor, pero que está jugando en otra liga, que va en serio. Lo que se llamaría, dentro de unos años, un verdadero clásico.

El hecho de que no haya sido nominada a ninguno de los Oscars que podría merecer sin problemas (película, dirección, actor, actriz secundaria) no hace más que evidenciar su calidad: no hay huevos en Hollywood para premiar al gran arte. Ellos prefieren el espectáculo. Pobres.

De verdad: no se la pierdan.

Anuncios

Un pensamiento en “El rincón de Javier C.: Shame

  1. La verdad es que todavia no la he visto. Pero esta reseña, ademas de escrita desde dentro. Incita a ello. si es la mitad de lo que propones, ya estara bien. SAludos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s